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sábado, 10 de julio de 2010

EL VIAJE DE LOS GRILLOS

Autora de texto e ilustraciones: Ines de Cuevas


Al tropezar con un bosque poblado de apamates, Grillo Sabio oteó fijamente el terreno, observó cuidadosamente cada rincón; luego, dirigiéndose a los otros grillos, les dijo: “Aquí pasaremos la noche, porque este es el mejor sitio para descansar. Desde esos árboles que ven ahí, observaremos cómo se columpia el rocío en los granados y cómo acuna la araña el sueño de otros insectos en su colcha de soles.... Además, veremos el lucero del alba antes de que aclare el día”. Dicho ésto, guardó silencio....... largo y profundo silencio.... 

Como si hubiera enmudecido para siempre. 

Esa noche, las horas caminaron perezosamente y, cuando rompió la mañana, un viento ensordecedor se coló como una tromba por las cortinas silvestres. Entonces, Grillo Sabio -que no se equivocaba- y que todo lo escuchaba con un oído extraordinario, dijo, curiosamente: ¿ ”Oyen...?, esa es la sonata de las chicharras. Recojan sus violines y permanezcan callados....totalmente callados! Que desde este momento en adelante, no suene una sola nota de violín trasnochado”. 
Al escuchar la orden, los grillos obedecieron y, de repente, una música que nadie sabe de dónde venía, se ensartó en las ramas de los árboles.....                                
 





Era la aurora que comenzaba a cantar: 
En las posadas de día
 el viento canta sus nanas 
y las estrellas se asoman 
 para mirar la mañana 

Los grillos duermen la siesta 
sobre una fronda lejana 
mientras corren las cortinas 
 las ventanillas del alba 

Cuando la aurora terminó la canción, todos quedaron boquiabiertos.  El cielo se había llenado de aureolas fosforescentes y acelofanadas. Entonces, los grillos, que eran tan inteligentes como Grillo Sabio, comprendieron que había llegado la hora de cobijarse en su casita de hojas, para esperar un nuevo amanecer al pie de los apamates.  Desde esa mañana, todos pasaron muy felices las horas, a pesar del ruiiii-ruiiii-ruiiii de sus violines.


Inés de Cuevas
(Texto e ilustraciones tomadas del libro inédito de Inés de Cuevas: Las Posadas del Día  

jueves, 21 de mayo de 2009

CIRCULEN CABALLEROS, CIRCULEN



Por: Javier Villafañe//Fuente:Circulen, caballeros, circulen. Buenos Aires, Ediciones del Cronopio Azul, 1995, Colección Libros de Fondo Blanco.


LA PARED


En una ciudad, en la costa del Pacífico, hay una pared que está por caerse. Son los restos de una muralla que hace siglos —piedra sobre piedra— levantaron los indios.
—Cuidado —decían los habitantes de la ciudad cuando algún turista iba a pasar al lado de la pared—, cruce la calle. Esa pared puede caerse.
Era un peligro esa pared. Podía caerse de un momento a otro.
Sobre la pared dormían la siesta los gatos en invierno.
Había lagartijas al pie de la pared.
Había una enredadera.
Había hormigas que subían y bajaban por la pared.
Había ratas debajo de la pared.
En un hueco de la pared había un nido de pájaros. Había arañas.
Un día hubo un terremoto. Todo se derrumbó en la ciudad: la iglesia, el hotel, la cárcel, los árboles. Sólo quedó la pared de pie, inclinada, a punto de caerse.